
Es en ese sentido que el gran reto de la educación de hoy en día y de los profesores es desarrollar y potenciar el pensamiento científico en los adolescentes, posibilitando que nuestros estudiantes sean curiosos, exploren el mundo, adquieran conocimientos de su contexto y desarrollen sus habilidades. Esto implica dejar de lado las practicas tradicionales como la transcripción de información, los dictados y las clases expositivas, repetitivas.
Desarrollar un pensamiento científico, significa promover y estimular en nuestro adolescentes la curiosidad por explorar el mundo, hacer pensar y razonar desde su propio contexto que le permita conocer la realidad realizando inferencias en contraste con la teoría y las evidencias concediéndole transformar su pensamiento sobre la realidad. Así mismo implica que la metodología que el docente emplee debe ser un método orientado a la investigación que facilite desarrollar habilidades como: la formulación de hipótesis, la observación, recolección de información, comprobación, contrastación y comunicación de los resultados.
Por lo tanto, consideramos que si queremos adolescentes con pensamiento científico, debemos renovar nuestras formas de enseñar, de aprovechar las habilidades y las potencialidades de los adolescentes orientándolos a dominar la capacidad de dirigir su atención, pensar hipotéticamente, razonar, inferir, observando diversos puntos de vistas y elaborando argumentos a partir de ellos y una de los enfoques y/o metodología que permite es la del Aprendizaje Basado en Problemas (ABP), el cuál desarrolla el pensamiento científico en los estudiantes.